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La ciudad de Valladolid es la capital administrativa de la Comunidad autónoma de Castilla y León, y centro motor de la economía regional. La historia ha ido dejando, sobre todo en su primitivo perímetro, una variada y rica huella de monumentos de justifican una detenida visita.

Tiene 198 Km2 y 319.129 habitantes. El municipio incluye los agregados de Navabuena, La Overuela, Pinar de Antequera, Puente Duero, El Pinarillo y Los Doctrinos.

El visitante se pasea entre un amplio muestrario de todos los estilos artísticos que fueron sucediéndose desde el siglo XIII hasta nuestros días. La torre románica y los abovedamientos y contrafuertes de la iglesia de La Antigua son la herencia de su fundador y del apodo medieval; la puerta mudéjar del que fuera palacio de Doña María de Molina marcan la arquitectura enladrillada del tránsito hacia la Edad Moderna; y las fachadas de palacios y conventos erigidos en lo siglos XVI y XVII son el verbo renacentista de una ciudad que fue varias veces, por entonces, sede de la Corte y capital del Reino de España.

Parece indudable que en el lugar que hoy ocupa la ciudad existió en otra época una población romana, ya que así vienen a demostrarlo los vestigios descubiertos en el recinto y en las cercanías de la ciudad. Pero nada indica que aquella población correspondiera a la famosa Pinta , que Antonino situó a 106 millas de Astorga. Tampoco pudo llamarse Vallisoletum que no es más que la latinización del nombre de Valladolid, primero con que la población fue asignado. Valle de olor, Valle de olivos, Valle de lides, Valle de Ulit o Vilad Ulid (tierra de Ulid) son las diversas etimologías que se han dado a su actual denominación, pretendiendo la última que se refiere a aquel Ulid Ablapaz (Valid Abul Abbas), muerto en San Esteban de Gormaz a manos de Ordoño II.

Existe una hipótesis lingüística que explica el nombre de Valladolid a partir de un topónimo de origen celtorromano: valle tolitum, es decir "valle de aguas", lo cual permite suponer la existencia de una villa durante la romanización que también sobrevivió a la dominación visigoda.

Según una tradición muy verosímil los habitantes del inmediato pueblo de Cabezón fueron edificando casas de labor en el punto donde el Esgueva se une con el Pisuerga, constituyéndose de este modo en los primeros pobladores de la ciudad. Lo indiscutible es su humildísimo origen pues en primitivos documentos se considera a Valladolid como una villa enclavada en el término de Cabezón.

Comienza Valladolid a adquirir su importancia durante el reinado de Alfonso VI que entregó el gobierno de la villa en 1074 al conde Pedro Ansúrez quien puede considerarse junto con su mujer doña Eylo como el primer impulsor de las reformas que habrían de convertir al humilde pueblo en la ciudad más importante de Castilla.

Durante toda la Edad Media fue creciendo Valladolid en importancia contribuyendo a ello las exenciones y  privilegios que le concedieron Fernando III y Alfonso X, y la gran predilección que por la ciudad mostró doña María de Molina, mujer de Sancho IV.

En 1469 se casaron en el Palacio de los Vivero los reyes Fernando e Isabel. Durante el reinado de los Reyes Católicos se inicia en Valladolid un renacimiento artístico que, apuntando en la arquitectura, en un momento de transición, último periodo del gótico, llega a tomar en el reinado de Carlos V un fuerte sabor grecorromano, destacando las artes plásticas con escultores como Berruguete, Andrés de Nájera, Pompeyo Leoni y Juan de Juni, quienes crean una tradición escultórica realmente admirable.

En el reinado de Felipe II, nacido en Valladolid  el 21 de Mayo de 1572, se sucedieron diversos episodios entre los que destacan los dos famosos autos de fe en los que fueron ajusticiados el doctor Cazalla y sus compañeros en luteranismo y un incendio formidable que devastó 440 casas. Este mismo rey otorgó a la villa el título de ciudad, mas trasladando la corte a Madrid la infligió un grave perjuicio.

Su hijo y sucesor Felipe III devolvió la corte a Valladolid y en los seis año (1600-1606) que disfrutó de este privilegio fue la ciudad testigo de las fiestas más suntuosas y brillantes que tuviera corte alguna.

Al marcharse los reyes de la ciudad en una época en que en torno a la realeza se movían todas las fuerzas importantes de la nación: aristocracia, arte, industria, comercio, etc., se detuvo Valladolid en la corriente de su progreso.

A mediados del siglo XIX apunta en Valladolid un florecimiento mercantil e industrial que, pasando por diversas vicisitudes, llega a dar a la ciudad un gran impulso que hubo de concretarse en las iniciativas municipales del alcalde Miguel Iscar, las cuales colocaron a Valladolid en el camino de un progreso que se ha traducido posteriormente en indiscutibles y no pocas mejoras.

 

 

   
 
 


 

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Última actualización: 12 de septiembre de 2009.